8 de septiembre de 2009

Smells like kids spirit

Recuerdo que mi mamá me bañaba todos los días al promediar las 7 de la noche en el baño de su habitación. Recuerdo con nostalgia el agua caliente de esas duchas. Me encantaba sentir el vapor del agua viajando en el aire, es algo que nunca olvidaré. Tenía un bote de plástico de madera que me gustaba llevar conmigo al momento de cada ducha. Nunca me bañaba sin él. Y según recuerdo, aún lo conservo dentro de todas las cosas que llamamos “recuerdos de la niñez”. Me bañaba con shampoo Johnson, y una vez terminada la ducha, me ponía el perfume de la misma marca. En un momento llegué a pensar que Johnson era la única marca de shampoo y perfume. Por otro lado, algo que nunca olvidaré es que cada vez que cumplía años, se cocinaba en casa lo que yo quería, y siempre era milanesa, así que, cada vez que era conciente de que crecía había un plato de milanesa servio en la mesa, por lo que es inevitable imaginar un cumpleaños sin esa comida. Aún hoy, cada vez que siento el recuerdo mi infancia, mis baños en agua caliente y el viejo bote marrón.

7 de septiembre de 2009

Lo peor que me ha pasado fuiste tú

Sí. Entre todos eres tú, mi querido profesor de matemáticas, a quien ya no tolero ver por un instante más en mi vida porque ahora sé quién eres en verdad y ya no puedes engañarme con tu capacidad. Pensaste que tu típica combinación seductora funcionaria para todos y serias el producto fascinador en potencia como suelen llamarte pero pude leer tu última fórmula antes que la aplicaras y me convirtiera en parte del conjunto infinito. Aproveché el único y minúsculo error imperceptible que cometiste, ofrecerte como ortocentro delante de todos. Solo tuve que esperar el tiempo y el momento indicado para desenmascararte en fracciones y cambiar el resultado final. No tomaste en cuenta que eres demasiado predecible cuando sientes que abarcas toda el área. Te elijo a ti, profesor de matemáticas, y te condecoro como el peor de todos los teoremas que existen, no sabes perder y al verte derrotado ahora quieres imaginar que nada ha pasado.

Y el premio a lo peor que me pasó, se lo lleva...

Es esa sensación de querer arrancarnos las cabezas a mordiscos (sin afán de canibalismo alguno) la que se me viene a la mente al pensar en nosotros como eso que alguna vez siempre quisimos, pero nunca nos atrevimos a ser. Podría decir que nos rendimos en el camino; o mejor dicho, el camino fue el que nos rindió, pero me siento más cómoda negándolo todo.
Porque no era nada fácil encontrarte dulce sin caer en esas cursilerías de tontos enamorados que con suerte dejaron de necesitarse a tiempo y con la conciencia aún intacta. Qué decir de esos cortos periodos de tregua que nos obsequiábamos, en donde hasta los corazones nos sudaban de tanto querernos y la vergüenza se iba a de vacaciones a disimularse un ratito.
Es paradójico sentir arcadas al recordar todo eso que sentía por ti y al mismo tiempo regresar a esas adolescentes cosquillitas en la panza que algunos dicen es el primer síntoma de esa enfermedad que prefiero no nombrar. Pero volviendo a lo que me invitó a escribirte, quiero que te quede claro que no es ningún afán de reclamo, ni de escarbar en esas heridas que alguna vez nos parecieron deliciosas. Es sencillo: no encuentro nada más perturbador que la imagen de nosotros siguiendo con el (hasta entonces) divertido ejercicio de herirnos de la manera más educadamente torpe posible. Y al pensar en el odio como eso que nos hace cada vez más humanos, me siento en la capacidad de reafirmar mi rencor hacia ti.
Aunque ahora, desvergonzadamente, me busques; no tiene sentido que sigamos con este infantil jueguito de asesinarnos de a poquitos. Porque ya tengo alguien a quien querer de verdad; y es simple: cuando el amor deja de ser palabra nos facilita ese saltito-en-un-pie que implica dejar la tierra y empezar a volar con el mejor aeroplano que encontramos en nuestra mesita de noche y que estos días me hace sonreír, tan descaradamente. No te preocupes, en lo que respecta a ti, inventé en mi cabeza una enfermedad que duraba sólo unos minutos para justificar el hecho de haber escrito esto para ti.

5 de septiembre de 2009

Olores de la infancia

El olor es inconfundible, chocolate, es lo único que me pone la mente en blanco. Las emociones que me produce hacen que el tiempo retroceda hasta la primera vez que supe de su existencia. El proceso era lento pero placentero, el olor entraba por la nariz, pero no era una entrada común y corriente, era la entrada de la salvación del día, se deslizaba lentamente hacia la garganta causando que la boca se haga agua y se sintiera como si no hubiera ingerido alimentos en días y cuando por fin no solo se quedaba en mi nariz sino que estaba próximo a tenerlo entre mis manos, llevarlo hacia la boca, darle la primera mordida y sentir su sabor tan delicioso era como hacer una pausa y tener la certeza que aún existen pequeñas cosas por las que valen la penan seguir viviendo.

EL olor que me recuerda....

Mi mamá bajó a almorzar y vi que llevaba puesto un saco de color plomo hecho de lana y me hizo recordar a una persona muy especial en mi vida, le pregunté a mi mamá si ese saco era de mi abuelita y me lo afirmó, de pronto me acerqué a mi mamá y olí el saco; en ese momento vinieron a mi tantos recuerdos, es verdad que los olores te hacen sentir las mismas emociones que sentiste antes, recordé a mi abuela, ella me crió desde que yo tenía dos meses de edad, la quería tanto, es más siento que la sigo queriendo, ella era tan especial, de chiquita me pegaba con el chicote, esos que se usaban antes, de tres puntas y hechos de una especie de paja, recuerdo que me contaba cuentos muy misteriosos, tipo leyendas, recuerdo que jugábamos a las muñecas y a la pelota, cuando estaba más viejita la veía caminar en el patio de mi casa y ella no se daba cuenta cuando yo la veía, era tan dulce, tan tierna, ese olor de abuelita que ella tenía me hacía recordar a mi propia vida junto a ella; y aunque hayan pasado los años ese olor en el saco se ha quedado impregnado y ni el jabón ni el detergente lo puede sacar.

Los olores y mi niñez

Particularmente, recuerdo un olor muy especial, muy épico, que evoca cálidas memorias de tranquilidad.
Pretendo referirme al olor del gel que me ponía mi tía (en el pecho) para los resfríos de invierno: cada vez que me aplicaba la loción, me tapaba, contaba un cuento - o fábula -, y, de ahí, me prendía la televisión para ver lo que yo quisiera. Era un show la aplicación de ese gel, ya que, primero, me sermoneaba dulcemente; luego, me acariciaba el cabello; por último, abría el frasco y todos reíamos.
El olor era agradable que ponía de mejor ánimo a cualquiera.
Después del ritual de la aplicación, me quedaba dormido tranquilamente, alegre.

Lo peor que me ha pasado has sido tú

Gracias. Debido a tus constantes apoyos de opresión y dedicatorias caóticas, soy ahora un ser (más) inseguro que antes.
He podido desarrollar TICS nerviosos a causa de las angustias que tenía, por tratar de hacer algo bien, y no quedar - como tú decías - como un mediocre.
Mis manos tiemblan y se ponen más sudorosas cuando tengo que realizar cualquier acción, ya que los movimientos me recuerdan a los años que tuve que pasar junto a ti.
Se podría decir que hay algo rescatable en los años que transcurrieron (viéndote gritarme), pero no: supe desarrollar vergüenza de mi contextura y mi personalidad.
Sin embargo, me volví fuerte: tomé los elementos desastrosos y me reinventé: me siento mejor y puedo desenvolverme donde sea.
Y, es que sí, lo peor que me ha pasado has sido tú: tú con tu gran soberbia, con tu incapacidad de hacerme tenerte confianza y sentirme seguro cerca de ti.
He desarrollado incomodidad conmigo mismo y he tenido necesidad de modificar mi forma de ser para ajustarme a una realidad planteada por ti, en tus tiempos...
He anclado mis limitaciones físicas a un modo de sólo querer demostrar lo bueno que soy por dentro (porque aunque tú decías que yo era un inútil, me percaté que soy bueno) y desarrollar mis limitaciones para convertirlas en virtudes.
Espero que con todo lo dicho, te des cuenta que no has causado en mí más que un dolor decepcionante, que, poco a poco, surge en virtudes de mi cuerpo.

Tú eres lo peor que me ha pasado, profesor de Educación Física (Atilio Núñez).

Olores

Era un olor suave, delicado, sutil, que no cansaba nunca, que daba ganas de volver a olerlo, de hallarlo si se perdió, de perfumar todo y a todos con él, de llenar el ambiente con él. Un olor a naturaleza, a verde, a paz, a libertad, a mi infancia, a mi familia.

Un olor que envolvía, que me transportaba al pasado, que me recordaba quién era, qué me gustaba, qué soñaba hacer y qué odiaba. Que me protegía, nos acompañaba, no se terminaba nunca, no nos abandonaba.

Nosotros lo abandonamos, nos fuimos y olvidamos aquel aroma del jardín de mi antigua casa, inexistente para algunos pero muy real para mí. Nos fuimos a un departamento sin aromas agradables, donde solo siento un olor asfixiante, gris; un olor a humo, a tráfico, a encierro, a departamento, a presente. Un olor que me cansa, me asusta, me incomoda y me recuerda que ya crecí.

Lo peor que me ha pasado fuiste tú

A mi hermana gemela

Ya hace bastante tiempo desde la última vez que nos vimos y odio decir que aún así sigues siendo parte de mi vida. Cada día que pasa es una razón más para maldecir los genes que compartimos y que aborrezco como no puedes imaginar. Porque he intentado de todo para olvidar que existes pero no se puede cuando en la calle me confunden contigo y me llaman por tu nombre. Eres como una sombra, que me persigue día a día sin descanso, o tal vez soy yo tu sombra, como quieras. No puedo procurar sentirme única cuando sé que existe alguien que es igual a mí. No, igual a mí no, mejor que yo… o al menos es así ante los ojos de mamá. Ella siempre te quiso más que a mí, y tú nunca intentaste desmentirla. Muy por el contrario, gozabas ante la idea de ser la favorita, de ser algo más y de tenerme a mí como alguien más ahí, de “repuesto” por si te amputan una pierna y necesitas otra, no sé.


Detesto verte cada vez que me miro al espejo, porque sé que veo en mí a una versión desmejorada de ti, menos querida, menos exitosa, pero ¿sabes? también menos falsa. Y es aquello lo que hace que siga escalando a pesar de saber que tú ya estás en la cima, porque al menos sé que yo he logrado todo lo que tengo con mi esfuerzo y no con bajezas e hipocresías como las tuyas. Todo el mundo te quiere pero nadie te conoce mejor que yo, ni nuestra madre porque, pobrecita, hasta a ella lograste engañarla, pero a mí no. Por cierto, de ella tampoco sé nada, le rompiste el corazón cuando te fuiste sin siquiera decir adiós, ni una nota, ni un mensaje de texto, no te importó. Por supuesto luego ella me echó a mí la culpa y me pidió que me fuera de la casa también, yo ya me lo esperaba. Después de todo yo “siempre” tuve la culpa de todo lo malo que hacías tú, ¿por qué aquella vez habría de ser distinto?

Por ti, mi vida entera ha sido un infierno, y no veo la hora de desaparecerte por completo, he intentado de todo, pero los tintes, cortes de pelo, y el esfuerzo por usar distintas formas de hablar, no han dado resultado, aún veo tu imagen en mi imagen y, a decir verdad, a veces pienso que una cirugía plástica no estaría mal…


Mi infancia y los olores


Hubo una etapa en la que mi abuela desarrolló una obsesión casi enfermiza por los inciensos. Los compraba de todo tipo, desde aquellos caseros que no eran otra cosa que hojas de flor quemadas en una mini estufa, como también esos que venían en cajita y se prendían desde la punta. Fue así como de pronto había días en los que la casa olía a jazmín, a violetas o a sándalo y otros en los que olía a clavo de olor, manzana o fresas. Incluso una vez compró un incienso de papaya que le ocasionó náuseas a mi hermano y a los demás un día entero fuera de casa. A mí no me pareció tan malo el olor (solo un poco raro) pero mi abuela no volvió a comprarlo más luego de aquel día. Particularmente yo prefería el incienso de vainilla, pero habían otros de extraña consistencia que en las cajitas se leían como “bosque” o “playa” y que al encenderlos me hacían recorrer la casa pensando que iba caminando por entre los árboles de un bosque o la orilla de alguna playa desconocida.

Muy pronto copié la manía de mi abuela y empecé a coleccionar inciensos también, colocaba uno en cada habitación y de este modo cada una estaba clasificada por olor. Por ejemplo, la habitación de mis padres olía a melocotón; la de mi hermano a prado de verano – que era algo así como olor a pasto- la de mi abuela a heno y la mía iba variando dependiendo del estado de ánimo en el que me encontraba. Si estaba contenta prendía los aromas frutales y si estaba de malas, los florales que me relajaban más. Recuerdo claramente un día en el que ya casi había dejado el hábito de los inciensos y llegó mi padre del trabajo con una cajita olor “cannabis” en la mano. –Me la ha regalado un paciente-me dijo.

Y yo que creí que el olor a papaya era raro…

Lo peor que me ha pasado fuiste tú

Creí que después de tanto tiempo podría sentir un poco de lástima por ti, pero no puedo. No puedo olvidar quién eres, qué me hiciste, qué nos hiciste papá.

Ni siquiera sé si aún deba llamarte papá, ya sé que no lo eres, que nunca quisiste serlo y agregaré que nunca me gustó ser tu hija, que me daban verguenza tus actitudes y eso lo sabías !Lo sabías¡ Por eso te encantaba ponerme en ridículo, llegar a recogerme con tus amantes ocasionales te fascinaba; yo trataba de explicarle a mis amigas que trabajabas con ellas, que mamá estaba ocupada, pero ¿Por qué las besabas? por qué enfrente de todos. Sabrías que todos irían a contarle a mi mamá y lo disfrutabas más, ella no podía reclamarte, no podía molestarse, debía pagar lo que hizo ¿no? Yo era muy pequeña papi, no entendía por qué no me querías, por qué en cada discusión me mencionabas, yo no sabía que no era tu hija.

Ya han pasado muchos años y aún no entiendo por qué no te separaste de mamá cuando te enteraste, por qué tuviste que hacernos vivir ese infierno, por qué tenías que culparme de todo. Tu abandono fue un gran alivio, fue lo único bueno que hiciste por nosotras y lo agradezco.

No volví a saber de ti hasta ahora, sé que estás en el hospital y que te sientes solo, por eso me escribiste para que vaya a visitarte, también sé que estás arrepentido, pero todos los que están muriendo se arrepienten y me cuesta creerte. ¿Acaso temes ir al infierno? Yo viví en un infierno, mi mamá vivió un infierno, quizás es tu turno.

No, no iré a visitarte y no te volveré a escribir. Adiós.
Olvidé decirte: me cambié el apellido.

(olores)

Hospital. El hospital, como mal no imaginas huele a medicina, enfermedad y muerte. Y sé que debe ser raro que este lugar sea precisamente el que me evoca el olor favorito de me mi niñez; pero déjame que te cuente un poco porque me gusta y a ver si te quito la imagen de rara que tienes de mí en la cabeza.

Mi mamá ha trabajado en el hospital desde que soy pequeña y como entenderás, ella nunca quería dejarme sola, siempre quería estar conmigo por razones que toda madre debe tener y que todavía yo no-madre desconozco totalmente. Ella me llevaba a la guardería y me dejaba con los otros niños -hijos de mamas doctoras, enfermeras o trabajadoras del hospital-. Recuerdo que jugaba con ellos en el jardín que hicieron en el patio donde no había rayos de sol. Pero mi olor no estaba ahí. Aparecía cuando entrábamos corriendo al hospital porque yo quería dormir y mi mamá quería salir; entonces, obviamente, terminábamos saliendo tarde. Llegábamos al hospital y mi mamá entraba corriendo y yo terminando mi desayuno. Pero cuando pasábamos por la cafetería… ¡uy! cuando pasábamos por la cafetería.

El olor que salía de la cocina era indescriptible. No era tan dulce pero tampoco agrio. Era sabor a quaker con manzana y un toque de durazno. Sé que no suena muy rico (sobre todo la parte de quaker) pero créeme, es uno de los olores que más me gusta. Recuerdo exactamente que el olor sale de las dos grandes chimeneas en formas raras y que en cuanto aparecía esos días tan temprano, mi mamá dejaba de enojarme por lo tarde que salíamos. Si era afortunada, el olor llegaría a la guardaría y jugaría con nosotros.

Y si pues, a ti el hospital te recuerda a medicina y muertos, pero a mí me sabe a quaker con manzana y un toque de durazno.

TÚ -eres de lo peor-

No voy a negarlo: siempre me han gustado las cosas antiguas, lo 'vintage'. Escuchar música de esa época me hace sentir cómo si yo hubiera nacido en el momento equivocado. Pero cariño, debo ser honesta, cuando recuerdo o pienso en el huracán que dejaste en mi vida no es agradable. Y si, debo ser honesta: lo peor en la vida que me ha pasado has sido tú.

Mi mamá me contó que cuando yo no había nacido tu ya habías hecho de las tuyas. Las personas ya tenían expectativas en ti, parecía que te querían pero hiciste lo que mejor sabes hacer, los engañaste. Y quieras o no, eso duele. No voy a hablar de las otras cosas que también hiciste (o en todo caso dejaste de hacer), tú sabes, no es bueno remover cicatrices.

Cuando yo nací, las personas ya hablaban de ti y no eran cosas bonitas las que me decían. Todos te odiaban y no creas que escribo estas palabras con odio, por el contrario lo hago para saber porque yo no te quiero en mi vida. Lo siento, pero es inevitable pensar que si tu no hubieras aparecido tal ves mi colegio hubiera sido diferente, el trabajo de mi mamá sería menos complicado y mi papá, bueno, no hubiera cambiado de trabajo tantas veces.

Sin ti en mi vida, mi papá no me contaría como era conseguir algo para comer o cómo mi mamá se escondía con sus amigos de la universidad de los terruños. Parece que solo hiciste daño en mi vida, pero no. Gracias a ti aprendí que un error se puede cometer dos veces.

Lo siento Alan García, pero debo decirlo otra vez: lo peor en la vida que me ha pasado has sido tú.

Nunca más

Te encargaste de crear en mi mente imágenes de un mundo perfecto para lo dos y al jurarme amor eterno e incondicional apoyo, lograste que te aceptara como único compañero para toda la vida.

Los primeros meses, demasiada felicidad parecía irreal. Tus actitudes rara vez eran incorrectas y me mostraste tu afecto de mil formas, haciéndome creer que el sueño de conseguir el final de los cuentos de hadas podría convertirse en realidad. Sin embargo, pasó más de un año y tu trato se torno frío y distante. Tus prioridades cambiaron, dejándome al final de la lista y alabando como si fuera un dios, tu trabajo.

Intenté de alguna forma cambiar la situación, pues el ambiente se había vuelto hostil y las palabras pocas veces eran para demostrar afecto. La mayor parte del día era una sucesión de peleas sin sentido. Después, tus acciones se tornaron muy violentas, con fuertes golpes fuiste destruyendo lámparas, adornos, retratos y todo aquello que estaba en tu camino. Empecé a tener miedo de tus reacciones, tus gritos y quejas, mientras me acusabas de ser la causante de tus desgracias.

Hasta que sucedió aquella noche, cuyos hechos revotan en mi mente apenas pienso en ti. Al llegar a casa, prendí el televisor y me dirigía a la cocina, cuando de repente sentí unas manos que sujetaban fuertemente mi cuello, impidiendo mi respiración. En ese instante, mi primer instinto fue golpear al sujeto y luego de varios intentos, conseguí derrumbarlo. Mi sorpresa fue mayor al descubrir que el sujeto que había intentado ahorcarme fuiste tú, demostrando signos de haber bebido en cantidad.

El príncipe azul se convirtió en un monstruo y no quedó ni un rastro del hombre con quién había decidido compartir mi vida. Después de lo sucedido, el divorcio fue el primer paso, y recobrar mi autoestima y confianza con los demás, han sido tareas difíciles pero he sabido manejar la situación con ayuda de mis familiares.

olor de mi infancia

Tengo muchos recuerdos de mi infancia que se me vienen a la mente por medio de diversos olores.
Recuerdo que me encantaba meterme en un closet, era demasiado rico el olor que brotaba de ahí, era humedad... me encanta el olor a humedad, la mayoría de gente no lo prefiere, pero es exquisito, podría decirse que es considerado uno de mis olores favoritos, tanto así como la gasolina. Esto me trae a la mente mis siete años, mi abuelo tenía un grifo y me gustaba estar ahí, yo sentía que esa era mi guarida y es que había algo así como un sótano, ese lugar era preciso para mi curiosidad en aquella etapa...mi abuelo guardaba muchas cosas antiguas o rotas en ese lugar, me acuerdo que una llanta se hizo mi amiga, a ella le gustaba mucho hablar de todo tanto que me aburría y ya me iba a mi casa, ahí me esperaba un olor que podría llamarse "vitamina,vitamina". Mi abuela venía con una taza y ahí estaba mi rico jugo de carne, ese olor es del que pase lo que pase no me podré desprender al igual que del olor al hospital.....

lo peor que me pasó fuiste tú

Tenía cinco años y estaba jugando en mi casa a "la pequeña maravilla", cuando me fui al cuarto de mis papás a recoger mi capa, entre y de repente no podía ver nada, estaba oscuro luego de un golpe fuerte, yo no sabía que era, solo sentía que me temblaban las piernas (eso no era raro, yo era tan miedosa que le pedía a mi papá que volteé a mis muñecas antes de irme a dormir). Trate de ir por recuerdo hacia la puerta, pero estaba cerrada, me habían encerrado en el cuarto de mis papás. Empezé a gritar, a patear la puerta, a llorar y no abrían. Cinco minutos después recién pude ver la luz. Mi estúpida tía de quince años pensó que era gracioso dejarme encerrada un rato que yo sentí como una eternidad.
Es difícil aún superar mi miedo a la oscuridad y lo que puede haber en ella, por esto esa dentista en la que ahora se convirtió mi tía es lo peor que me ha pasado...

Lo mejor que me pasó fuiste tú

Conocerte fue algo locazo!!!
Siempre quise tener las cosas de golpe, siempre quise que me quieran rápido, y recibir más que dar, ahora me doy cuenta que aunque sea vivir así, mucho mejor es ir un poco más lento, paso a paso y dar sin esperar recibir.
Es positivo en mi vida que todo se conjugue de tal manera que se empieze a armar un rompecabezas donde las piezas van encajando lento pero perfectamente.
Ahora sé que para que las cosas tomen marcha no solo es cuestión de uno sino de dos personas que van hacia un mismo punto, sé que muchas veces hay tropezones, grandes o chicos, pero lo importante es saber salir de ellos, saber escuchar y volver a empezar, (muchas veces el error está ahí, en que mucha gente continúa, pero no empieza) es como si tuvieras una hoja en blanco y empiezas a escribir, pero escribes de colores, con mucho más colores que la hoja anterior, con muchos más diseños, donde es básica la purpurina y la escarcha porque eso tiene que brillar.
Estoy feliz porque no sé lo que va a pasar, pero sé que ya no solo pienso en mí, estoy feliz porque ya no hay egoísmo, oprque hubo un día, tal vez este día en el que fui por los dos, y por enseñarme a ser mejor "tú eres lo mejor que me pasó".

El olor de mis sábados

De los recuerdos que tengo sobre mi infancia, los olores no son los primeros en llegar a mi mente, pero una excepción puede ser ese delicioso aroma que me hacía esperar con ansias los sábados.
Recuerdo que desde las 11 de la mañana, un olor invadía la sala donde estaba yo jugando con mi hermano, ese aroma era fuerte y hasta lo podía sentir salado, provenía de una mezcla de ingredientes que por separado no me gustaban: cebolla, ajo y pimienta, entre otros; el estilo arequipeño se notaba en la generosa cantidad de ají panca que se agregaba a ese sabroso aderezo cuya fragancia venía desde la vieja cocina. Éste era la base de uno de los platos más ricos que había probado en mi corta vida: el adobo de cerdo que preparaba mi abuela.
Cuando sentía venir ese olor como deseaba que ya fuera la 1 de la tarde, para poder disfrutar con toda mi familia, esa sazón inolvidable. Ciertamente, era la mejor comida.

Lo peor que me paso fuiste tú

Te destesto porque cada vez que te veo, recuerdo el peor momento que me hiciste pasar. Cada vez que sé que podría tropezarme contigo, no sabes cuanto me esfuerzo para evitarte. Todo empezó como una sana amistad, pero con el tiempo revelaste tus intenciones.
Poco a poco llegaste a presionarme y todo se fue por la borda cuando aquel día no querías entender, te volviste necio e hiciste sacar de mí lo peor. Mis palabras buscaban terminar con todo y en el camino te dije cosas que te hirieron, no quería llegar a tal punto, pero me llevaste a él y te aborrezco tanto por eso.
Palabras que no quiero volver a repetir y una culpa que me costó dejar, esos fueron los últimos recuerdos que me dejaste, una lástima en verdad. Estos minúsculos párrafos van para ti con desprecio y serán lo último que te dedique para dejarte atrás.

4 de septiembre de 2009

Los olores de mi infancia

A la edad de 8 años tenía la costumbre de salir con mi mamá y mi hermana todos los sábados a diversos lugares, desde hacer picnics en el parque Olivar, hasta ir a la punta a caminar por el malecón y almorzar ravioles. Pero por una temporada antes de ir a estos lugares teníamos que acompañar a mi mamá a recoger unos papeles en su trabajo.

Éste no era un lugar cualquiera, se encontraba muy alejado de los lugares que solíamos frecuentar. Mientras mi hermana y yo la esperábamos en el carro un olor particular penetraba las ventanas y se infiltraba en nuestras narices, un olor agrio que mareaba, que de tan sólo acordarme me produce nauseas, un olor que ahora me produce alegría, excitación y, en grandes cantidades, letargo. El olor de la cerveza.

Mi madre al trabajar en Baqus durante tantos años se hizo inmune ante dicho olor, pero para nosotros era el peor que pudiéramos imaginar. Ahora a mis cortos 23 años, al sostener un vaso de esa dorada bebida, me pregunto: ¿cómo es que dicho olor que alguna vez me causó tantas sensaciones de asco se ha convertido en uno de mis principales medicamentos en aquellas reuniones que llamamos terapias mis grandes amigos y yo?

Lo peor que me ha pasado fuiste tu

Lo peor que pasó en mi niñez fue haber conocido a: Rodolfo, alías “Fleko. Cada viernes nos hacía transpirar, correr, tocar nuestros pies, aunque para algunos era imposible, castigarnos con vueltas y quitarnos el fulbito, básquet y vóley, por no decir mejor de su clase, en pocas palabras el profesor de educación física.

¿Qué te hemos hecho?, me preguntaba cada vez que mis patillas eran bruscamente levantadas hacia al cielo o cuando recibía un “liguero” cocacho que proponías cuando soltaba una carcajada por aquel ridículo ejercicio que querías que imitemos. No creo que sea ocioso, ni mucho menos holgazán, entonces por qué cuando no imitaba a la perfección los ejercicios que pedías me castigas con vueltas a la cancha, ¿acaso no entiendes que para las personas altas de piernas largas le es sumamente difícil imitar a otra que sólo mide “1.20”?

No quiero terminar sin antes decir: gracias Rodolfo, pues debido a ti perdí todo interés hacía los deportes, llevándome a conocer programas de edición y toda labor que no requiera un esfuerzo físico, gracias.

.:: Happy Memories ::.

Cuando tenía 5 años, fui con mi madre primeriza y nerviosa a la escuela primaria. Graciosamente las lágrimas no venían de mi. Yo feliz de conocer niños y un colegio nuevo. Recuerdo estar en la oficina de la directora, ella dándome la bienvenida y yo distraidísima con el olor de aquel lugar nuevo.

¿De donde vendrá? Cajones,…lápices,…no creo que sea su perfume. Era una mezcla entre olor a mayólica Sanicerámica recién puesta y papel gastado. Una sensación a limpieza y sabiduría, con un poco de risas y nostalgia. Parecía que ese lugar, no solo su oficina, tenían memoria…como si las paredes guardaran el olor de las generaciones pasadas, memorias alegres. Me encanto.

Pasaron los años, el olor lo olvide quizá por la costumbre quizá porque pase a formar parte de esa memoria. Par de años pasaron, cambie de colegio. Al cruzar la puerta ¡Wao¡, el mismo olor. Mi estómago se encogió y sentí una presión en el pecho, los recuerdos de los años de niñez que no se repetirán: regresaron. Ese olor a papel gastado, olor a colegio nuevo, a directora.

Hoy, no he regresado a ese lugar, tengo miedo. De arrepentirme del camino que he seguido como todos tenemos que hacer, y querer regresar a ese tiempo, soñar con algo imposible. Aun sin ir, todavía recuerdo el olor, lo siento y regreso al primer día.

Lo mejor y lo peor con olor

Lo mejor que me ha pasó, fuiste tú

Tengo el lápiz y el papel, tengo la noche y el amanecer, tengo miedos como oscuridad entre la luz... y el tiempo avanza. El camino que trazo dentro de este mapa de ilusión me lleva hasta ti. Espero el momento de estar junto a ti, te he pensado en tantas pieles y caras imaginarias que no puede creer que finalmente te encontré. Tengo tanto desde que estás en mí, desde que estás aquí, en este mundo hermoso y violento. Ahora por fin te tengo entre mis brazos, tú mi hermoso bebé, que no necesito de más. Lo más maravilloso que me ha pasado está aquí y ahora.




Lo peor que me pasó, fuiste tú.

No sé realmente cómo has podido hacer semejante bajeza. Te di mi confianza, te brinde mi apoyo y mi cariño, y tú me pagas así. Eres de lo peor, ¿cómo pudiste hacerlo? Estuve contigo en los peores momentos, te ayude a salir de problemas e inclusive me gané odios y rencores por tu culpa. Tú, que supuestamente eras una persona de confiar y que me repetías que jamás podrías hacerme daño, lo hiciste y de la peor manera, desgraciada, mujer barata, poca cosa, que nunca sabrás lo que es el verdadero amor porque lo único que recoges son las sobras de las demás. Jamás debiste salir de tu alcantarilla para venirte a disfrazar de persona y arruinar la vida de los demás; ve y mendiga amor como estás acostumbrada, total, no sirves para más. Pero he de admitir mi culpa y mi estupidez ciega; yo que te di mi cariño, y tú, que sigilosamente y sin reparos te estabas llevando lo que más quería. No puedes pretender pedirme disculpas ni mucho menos llamarme “amiga” nuevamente, por mí los dos se pueden ir al infierno.




Olores


Cada mes había un día especial. Generalmente eran los sábados en el cual mi tía llegaba a mi casa saludándonos y trayéndonos algunos regalitos. Todo podría ser perfecto: visitas, regalos, tías engreidoras y juguetes… si no fuera por el hediondo perfume que solía ponerse mi tía Ana Cecilia. ¿Cómo nos podía hacer eso? Pudo haber sido perfecto, pero no! Tenía que ponerse ese perfume/colonia lacrimógena del cual no podíamos escapar. Venía y nos daba un gran abrazo hasta asegurarse de apretar cada vértebra de nosotros, para luego pasar a cargarnos y pasearnos con ella y su zorrillo perfume por toda la casa. ¿Qué podíamos hacer? Éramos niños, tan inocentes tan indefensos, y sobre todo, con buen olfato. Sólo nos quedaba callar y no respirar; mis Barbies lo compensarán luego.

.:: Lo peor que me ha pasado eres tú ::.

Primer día de clases. Cielo gris limeño y un poco de neblina cubre las bancas de generales letras. Pregunta: ¿Porqué no hay nadie?¿No se supone que es primer día? Un poco de cordialidad con aparecerte en clase no le hace daño a nadie, pero bueno, que podemos hacer.

Hablando de hacer, ¿qué voy a hacer? No sé cual es el salón, son las 8 a.m y ni un alma a quién preguntar.

Son 8:30 a.m. Ya pues, faltaré, no puedo entrar tarde. Se me acerca un chico con cara de-que-hago-acá a preguntarme lo mismo que me pregunté hace media hora: dónde miércoles está el salón. El lenguaje de cachimbos más perdidos que huevo en ceviche fue nuestras comunicación de inmediato. No necesitamos palabras, solo caminamos juntos como para consolarnos, en silencio claro.

Un giro de 180° que nos mando al panel de notas, nos devolvió a la tierra. No habíamos faltado a clase, no éramos mal educados ni irresponsables. Solo estúpidos. No hay prácticas la primera semana, pero claro, como la comunicación es telepática entre universitarios era obvio que debíamos saber, por eso nadie nos dijo nada.

Así termino y empezó todo. El chico y la chica desorientada siguieron con su comunicación cachimbesca y silenciosa. Se conocieron, salieron, bailaron y demás, hasta que…esa es la frase redundante en toda relación que involucre hombres. Nada malo, claro. Él se portaba mejor que nunca, hablador como nunca. Sin amor como nunca.

Cuando un hombre cambia, decía mi abuela, es porque otra mujer trae. Cierta y obviamente.

Dejaron de ser cachimbos, la comunicación silenciosa se volvió no comunicativa y ruidosa. Todo acabo con el cambio de ciclo, en un día paradójicamente soleado y feliz.

Aroma a chocolate

El sol anunciaba su llegada con un brillo que se colaba entre las cortinas y se posaba en mi rostro, provocando que me despertara con una radiante sonrisa. Era la mañana de navidad y un olor dulce impacientaba mis sentidos. Corría a lavarme el rostro, mientras entonaba un villancico y mis hermanas me acompañaban en el coro.

Bajando las escaleras el olor era más intenso. Mis tíos habían llegado con muchos regalos, entre ellos, dulces; sin embargo, yo que era fanática de las golosinas evitaba su consumo para degustar de tan sabroso aroma. Era el chocolate caliente de Satipo, el cual desde muy pequeña asimile como el olor de la navidad y desde entonces evoca en mi mente la unión familiar que percibo ese hermoso día del año, haciendo que mi estado de ánimo se transforme en alegría indescriptible.

Actualmente, durante ese desayuno toda la familia se reúne alrededor de la mesa para compartir experiencias de días anteriores, mientras disfrutamos de un rico panetón y el ansiado chocolate caliente de Satipo, cuya preparación era tradicionalmente realizada por mi mamá y ahora está a mi cargo.

Dulces remembrazas

En días cálidos como éste recuerdo el pueblito en el que vivía cuando aún era inocente. Las mañanas comenzaban con el dulce aroma de los pasteles que mis tías preparaban para vender en su pequeña tiendecita. Vainilla, canela, chocolate, naranja, olores que inundaban mi casa y que me abrazaban tiernamente.

Despertaba feliz y animada, pues sabía que al salir a la escuela alguna de mis tías estaría esperándome con una sonrisa consentidora y un paquete lleno de galletas y panecillos, que haría que la larga espera para la hora del recreo se haga aún más insoportable, pues me embargaban las ganas de devorarlos.

Aún hoy rememoro el
melifluo perfume que envolvía mi vida en aquellos días, y la nostalgia me invade cada vez que percibo el aroma entrañable de un pastel en el horno, que me remite a la calidez de mis queridas tías y a mi ya lejana infancia.

[Susan Inga]

lo peor que me pasó fuiste tu...

Son las 5 de la mañana y no puedo dejar de pensar en tu rostro desfigurado, ese rostro desvelándose por mi toda la noche, y ahora que te has ido digo tu nombre a las 5 de la mañana y tengo miedo, nadie me oye, o nadie me quiere oír, y tú no apareces. Recuerdo esa noche cuando salimos del cumpleaños de tu hermana y tú conducías a toda velocidad, te dije que frenaras en la luz roja, pero no oíste o no quisiste oír, pero te lo advertí, algo malo sucedería esa noche, de pronto una niña, con una bolsa de caramelos en las manos, se cruzó repentinamente delante del auto y tu única reacción fue girar el volante hacia la izquierda y repentinamente chocamos contra un árbol; al día siguiente salimos en las noticias, se veía nuestros rostros ensangrentados por el impacto.
Desde ese día no te he vuelto a ver, pero sí te escuchaba todas las noches, cada vez que me contabas historias, y cuando recordabas cómo nos conocimos, nuestras primeras salidas, hasta me hacía reír tu forma de contar las cosas; aquí en este hospital todo ha cambiado desde que no estás, ya nadie me trata igual, desde que te fuiste ya nada es igual, he visto personas morir aquí, escuchar lamentos y gritos de dolor, sácame de aquí, dónde estás, de pronto empiezo a cerrar mis ojos, pero no siento mi cuerpo, por qué me dejaste aquí, no quiero odiarte, no puedo odiarte, pero a veces lo hago, no me dejes, quizá fui yo la que sufrí más en ese accidente, pero jamás te dejé.
Vuelvo a decir tu nombre a las 5 de la mañana, pero todo sigue oscuro, en realidad ya no siento mi cuerpo, y siento que ya no estoy en el hospital, no siento la respiración balbuceante de todos los internos, me siento tan mal mientras repito por última vez tu nombre a las 5 de la mañana.

Latente en mí

Lo peor que me ha pasado has sido tú, de eso no me cabe ninguna duda. No hay palabras suficientes para explicar lo que pieso de ti. Decier que te odio es poco, que te desprecio, es insuficiente. Y no sólo es una opresión visceral o un pensamiento recurrente en mi cabeza, es vivir cada día acompañada por los remordimientos de haber estado con alguien como tú.

Detesto cada segundo que estuve a tu lado, pero no puedo olvidar lo que pasó. Las mismas escenas se repiten en mi mente una y otra vez, pero arrepentirme no basta, debo aceptar las consecuencias de mis actos, pero al menos el odiarte y el pensar que tú serás juzgado y yo no hacen que pueda mantenerme serena.


Debí haberlo esperado de ti, pero en mi estupidez, pensé que podría cambiarte. Ahora sé que hay cosas que no cambia, Tu cobardía lo demuestra. Siempre fuiste débil y yo no pude verlo cuando debía.

Pero lo que más odio de todo esto es saber que nunca podré desprenderme de ti, pues creces conmigo día a día. Nunca deseeé algo tanto y a la vez lo odié tanto. Sin embargo, yo no huiré, pues no soy como tú. Saber eso es lo único que me mantiene de pie y viva.


[Susan Inga]

Olor de la infancia: Termitas

Supongo que tengo que escribir acerca del aroma del café. Del olor del pasto fresco después de la lluvia o de la cajita musical que se encontraba en la casa de algún abuelo ¿no? Siempre todo te lleva de regreso a la casa de los abuelos. Debe ser porque la gente mayor está ligada a los olores raros, fuertes. Un amigo tiene la teoría de que esto es así porque los ancianos son personas en descomposición. A mí no me da risa. Mi papá es viejo. Muy viejo.

Uno de los olores que más recuerdo y extraño de cuando era chibolo era el olor de la casa de mi abuela, así que supongo que no soy tan original después de todo. El sitio olía como si entrarás a un closet apolillado. Era una mezcla de madera vieja y naftalina. Todo el interior de la casa estaba conformado sustancialmente por madera: Los pisos, los muebles, incluso había una radio antigua de madera que era prácticamente otro mueble. En los cajones habían crucigramas a medio llenar y discos de vinilo. La gente tiene que llenar los cajones con algo.

Mi abuela murió hace algunos años. Fue un momento bastante triste y yo para variar me porté como un patán. Fui al velorio con cara de que le estaba haciendo un favor al mundo. Estaba molesto y equivocado. Espero haber madurado desde entonces.

Hace poco más de un año tuve una pelea fuerte en mi casa y me botaron. Terminé viviendo unos meses en la casa de mi abuela. Volver a sentir el olor, pisar la madera vieja, escucharla crujir. Suena estúpido pero sentí como si alguien me estuviera cuidando. La casa queda en una zona residencial de San Isidro. Pronto la van a demoler y van a construir un edificio. A mi familia le van a dar un buen precio y probablemente un departamento. Pero ya no estará hecho de madera.

Lo mejor que me pasó fuiste tu


Lo siento. Esta parte del blog al menos para mí sigue en construcción. O al menos en standby.

Lo peor que me pasó fuiste tu


Estoy frente a la hoja en blanco. Me rehúso a creer que existe tal persona a la que debo dedicarle dos o tres párrafos de puro desprecio para terminar con esto. ¿A quién puedo odiar? ¿De quién podría arrepentirme? Uno está acostumbrado a pensar que todo lo que sucede tiene un fin determinado y que no debe alterarse. Pero la verdad eso es muy poco humano. Cuando una persona te decepciona a veces solo quieres destruirla. Hacerla sentir insignificante y culpable por haber sido tan estúpida. Restregárselo en la cara ¿Realmente debo esconder estos sentimientos para no ser una mala persona?

Hace poco tuve una relación bastante confusa. Cuando terminó no estaba seguro de quién había cometido el error final. Pensé que ella, luego me sentí culpable y de alguna forma pensé que todo lo había hecho yo. Las mujeres tienen ese súper-poder. La busqué de nuevo.

Mucho tiempo y muchas cosas habían pasado. Ambos habíamos estado con personas diferentes en el tramo intermedio. Me dijo que me tenía miedo. Que dudaba si yo tenía sentimientos y que si los tenía probablemente eran muy superficiales. Que la utilicé. Que me porté como un perro. Que le hice daño. Que nunca confié en ella. Que cuando estuvo conmigo la hice cambiar para mal.

Me hizo sentir como un maldito monstruo y ahora estoy convencido de que fui horrible aunque no entiendo bien como. En mi universo, mis intenciones siempre fueron buenas. Ahora estoy ansioso con la situación. Al principio todo parecía indicar que estaba en plan de “este-huevon-me-cagó-y-ahora-que-le-cueste” pero la verdad yo solamente necesito un respiro y algo de crédito. Todo eso pasará y se solucionará con o sin ella, pero hasta entonces lo peor que me está pasando eres tú.