Era un olor suave, delicado, sutil, que no cansaba nunca, que daba ganas de volver a olerlo, de hallarlo si se perdió, de perfumar todo y a todos con él, de llenar el ambiente con él. Un olor a naturaleza, a verde, a paz, a libertad, a mi infancia, a mi familia.
Un olor que envolvía, que me transportaba al pasado, que me recordaba quién era, qué me gustaba, qué soñaba hacer y qué odiaba. Que me protegía, nos acompañaba, no se terminaba nunca, no nos abandonaba.
Nosotros lo abandonamos, nos fuimos y olvidamos aquel aroma del jardín de mi antigua casa, inexistente para algunos pero muy real para mí. Nos fuimos a un departamento sin aromas agradables, donde solo siento un olor asfixiante, gris; un olor a humo, a tráfico, a encierro, a departamento, a presente. Un olor que me cansa, me asusta, me incomoda y me recuerda que ya crecí.
5 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario