4 de septiembre de 2009

Aroma a chocolate

El sol anunciaba su llegada con un brillo que se colaba entre las cortinas y se posaba en mi rostro, provocando que me despertara con una radiante sonrisa. Era la mañana de navidad y un olor dulce impacientaba mis sentidos. Corría a lavarme el rostro, mientras entonaba un villancico y mis hermanas me acompañaban en el coro.

Bajando las escaleras el olor era más intenso. Mis tíos habían llegado con muchos regalos, entre ellos, dulces; sin embargo, yo que era fanática de las golosinas evitaba su consumo para degustar de tan sabroso aroma. Era el chocolate caliente de Satipo, el cual desde muy pequeña asimile como el olor de la navidad y desde entonces evoca en mi mente la unión familiar que percibo ese hermoso día del año, haciendo que mi estado de ánimo se transforme en alegría indescriptible.

Actualmente, durante ese desayuno toda la familia se reúne alrededor de la mesa para compartir experiencias de días anteriores, mientras disfrutamos de un rico panetón y el ansiado chocolate caliente de Satipo, cuya preparación era tradicionalmente realizada por mi mamá y ahora está a mi cargo.

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