Tenía cinco años y estaba jugando en mi casa a "la pequeña maravilla", cuando me fui al cuarto de mis papás a recoger mi capa, entre y de repente no podía ver nada, estaba oscuro luego de un golpe fuerte, yo no sabía que era, solo sentía que me temblaban las piernas (eso no era raro, yo era tan miedosa que le pedía a mi papá que volteé a mis muñecas antes de irme a dormir). Trate de ir por recuerdo hacia la puerta, pero estaba cerrada, me habían encerrado en el cuarto de mis papás. Empezé a gritar, a patear la puerta, a llorar y no abrían. Cinco minutos después recién pude ver la luz. Mi estúpida tía de quince años pensó que era gracioso dejarme encerrada un rato que yo sentí como una eternidad.
Es difícil aún superar mi miedo a la oscuridad y lo que puede haber en ella, por esto esa dentista en la que ahora se convirtió mi tía es lo peor que me ha pasado...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario