Son las 5 de la mañana y no puedo dejar de pensar en tu rostro desfigurado, ese rostro desvelándose por mi toda la noche, y ahora que te has ido digo tu nombre a las 5 de la mañana y tengo miedo, nadie me oye, o nadie me quiere oír, y tú no apareces. Recuerdo esa noche cuando salimos del cumpleaños de tu hermana y tú conducías a toda velocidad, te dije que frenaras en la luz roja, pero no oíste o no quisiste oír, pero te lo advertí, algo malo sucedería esa noche, de pronto una niña, con una bolsa de caramelos en las manos, se cruzó repentinamente delante del auto y tu única reacción fue girar el volante hacia la izquierda y repentinamente chocamos contra un árbol; al día siguiente salimos en las noticias, se veía nuestros rostros ensangrentados por el impacto.
Desde ese día no te he vuelto a ver, pero sí te escuchaba todas las noches, cada vez que me contabas historias, y cuando recordabas cómo nos conocimos, nuestras primeras salidas, hasta me hacía reír tu forma de contar las cosas; aquí en este hospital todo ha cambiado desde que no estás, ya nadie me trata igual, desde que te fuiste ya nada es igual, he visto personas morir aquí, escuchar lamentos y gritos de dolor, sácame de aquí, dónde estás, de pronto empiezo a cerrar mis ojos, pero no siento mi cuerpo, por qué me dejaste aquí, no quiero odiarte, no puedo odiarte, pero a veces lo hago, no me dejes, quizá fui yo la que sufrí más en ese accidente, pero jamás te dejé.
Vuelvo a decir tu nombre a las 5 de la mañana, pero todo sigue oscuro, en realidad ya no siento mi cuerpo, y siento que ya no estoy en el hospital, no siento la respiración balbuceante de todos los internos, me siento tan mal mientras repito por última vez tu nombre a las 5 de la mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario