5 de septiembre de 2009

Los olores y mi niñez

Particularmente, recuerdo un olor muy especial, muy épico, que evoca cálidas memorias de tranquilidad.
Pretendo referirme al olor del gel que me ponía mi tía (en el pecho) para los resfríos de invierno: cada vez que me aplicaba la loción, me tapaba, contaba un cuento - o fábula -, y, de ahí, me prendía la televisión para ver lo que yo quisiera. Era un show la aplicación de ese gel, ya que, primero, me sermoneaba dulcemente; luego, me acariciaba el cabello; por último, abría el frasco y todos reíamos.
El olor era agradable que ponía de mejor ánimo a cualquiera.
Después del ritual de la aplicación, me quedaba dormido tranquilamente, alegre.

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