Creí que después de tanto tiempo podría sentir un poco de lástima por ti, pero no puedo. No puedo olvidar quién eres, qué me hiciste, qué nos hiciste papá.
Ni siquiera sé si aún deba llamarte papá, ya sé que no lo eres, que nunca quisiste serlo y agregaré que nunca me gustó ser tu hija, que me daban verguenza tus actitudes y eso lo sabías !Lo sabías¡ Por eso te encantaba ponerme en ridículo, llegar a recogerme con tus amantes ocasionales te fascinaba; yo trataba de explicarle a mis amigas que trabajabas con ellas, que mamá estaba ocupada, pero ¿Por qué las besabas? por qué enfrente de todos. Sabrías que todos irían a contarle a mi mamá y lo disfrutabas más, ella no podía reclamarte, no podía molestarse, debía pagar lo que hizo ¿no? Yo era muy pequeña papi, no entendía por qué no me querías, por qué en cada discusión me mencionabas, yo no sabía que no era tu hija.
Ya han pasado muchos años y aún no entiendo por qué no te separaste de mamá cuando te enteraste, por qué tuviste que hacernos vivir ese infierno, por qué tenías que culparme de todo. Tu abandono fue un gran alivio, fue lo único bueno que hiciste por nosotras y lo agradezco.
No volví a saber de ti hasta ahora, sé que estás en el hospital y que te sientes solo, por eso me escribiste para que vaya a visitarte, también sé que estás arrepentido, pero todos los que están muriendo se arrepienten y me cuesta creerte. ¿Acaso temes ir al infierno? Yo viví en un infierno, mi mamá vivió un infierno, quizás es tu turno.
No, no iré a visitarte y no te volveré a escribir. Adiós.
Olvidé decirte: me cambié el apellido.
5 de septiembre de 2009
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