5 de septiembre de 2009

Olores de la infancia

El olor es inconfundible, chocolate, es lo único que me pone la mente en blanco. Las emociones que me produce hacen que el tiempo retroceda hasta la primera vez que supe de su existencia. El proceso era lento pero placentero, el olor entraba por la nariz, pero no era una entrada común y corriente, era la entrada de la salvación del día, se deslizaba lentamente hacia la garganta causando que la boca se haga agua y se sintiera como si no hubiera ingerido alimentos en días y cuando por fin no solo se quedaba en mi nariz sino que estaba próximo a tenerlo entre mis manos, llevarlo hacia la boca, darle la primera mordida y sentir su sabor tan delicioso era como hacer una pausa y tener la certeza que aún existen pequeñas cosas por las que valen la penan seguir viviendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario